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miércoles, 12 de septiembre de 2012
lunes, 23 de julio de 2012
miércoles, 18 de julio de 2012
Gente tóxica. Dos estilos de dirección: el Bonsái y el Leñador
Como ocurre con algunos microorganismos, hay ciertos estilos directivos muy resistentes a aquellas necesidades, principios, formaciones o demandas que el entorno dispone para reorientarlos o, como mínimo, neutralizarlos.
De entre estos estilos, quiero llamar la atención sobre dos que aunque parezcan totalmente distintos, se fundamentan en el impacto que ejercen sobre el desarrollo de aquellas personas que, en un momento dado y a menudo desgraciadamente, se encuentran bajo su radio de influencia.
El directivo bonsái.
El primero de estos estilos al que me voy a referir es el del directivo bonsái y consiste en un estilo de dirección especialmente atento a podar concienzudamente aquellas yemas terminales que permiten a las personas crecer y desarrollarse hasta alcanzar la altura que todas poseen, larvada, en su ADN profesional.
Se trata de un estilo rico en actitudes paternalistas que, a golpe de pequeños y hábiles tijeretazos, mantiene en un estado permanente de enanismo a equipos y personas a la vez que se les confiere la impresión de ser “como los de verdad” y, lo que es más importante, la laboriosa y mimada obra de su “creador”.
Se trata de una forma directiva más frecuente de lo que es soportable y que, como comentaba al principio, se halla anidada en los discursos más modernos que algunos exhiben sobre su forma de ejercer un management actual.
El directivo leñador.
El segundo de los estilos es el del directivo leñador un personaje que, a diferencia del anterior, acostumbra a ser desagradable por su propensión compulsiva a difamar, degradar, ignorar, amonestar públicamente e intimidar de manera directa o veladamente para, de este modo, talar el crédito y reputación profesional de sus colaboradores y así reducir su estatura y eliminar cualquier duda sobre quién es en realidad el más alto.
Es éste un estilo que puede venir determinado por patrones de personalidad que suelen incluir, en diferentes proporciones, paranoia y narcisismo y que no necesariamente buscan la total destrucción y ruina de la persona interpelada, aunque sus actuaciones conduzcan claramente a convertir al colaborador en leña para esa pira organizativa que suelen mantener permanentemente encendida.
Lejos de ser extraño, este perfil puede observarse en no pocos sitios disfrazado de “genialidad con carácter”, un disfraz que uno no acierta a entender cómo puede subsistir con tanto éxito en algunas organizaciones.
Fuente: Pensamiento Imaginactivo
Manel Muntada. Blog.[CumClavis].
http://estrategiasdenegocios.blogspot.com/2012/07/gente-toxica-dos-estilos-de-direccion.html?spref=tw
¿Sabemos ser productivos?
Vivimos en una sociedad cambiante, lo que hoy es tendencia mañana ya no sirve.
Las empresas deben adaptarse al entorno y a estos cambios para ser competitivas, y sus empleados juegan un papel importante en este proceso.
Trabajar no implica únicamente presentarse en el centro de trabajo y pasar allí las horas establecidas para nuestra jornada, lo importante es que los empleados sean productivos, que aporten valor a su puesto de trabajo, y por lo tanto, también a la empresa.
Un trabajador productivo, es un trabajador implicado.
Debemos tener en cuenta que es imposible obligar a un empleado a que se implique en el proyecto de la empresa. Para que esto ocurra, los directivos deben generar un ambiente de colaboración y confianza, donde el trabajador se sienta cómodo, pueda expresarse y se le tenga en cuenta. De este modo, sentirá que es importante para la organización y comenzará a implicarse con los proyectos de la misma.
Los profesionales con alta implicación, generan entornos laborales productivos y rentables.
¿Cómo actúa un trabajador productivo?
Estos trabajadores no necesitan ser dirigidos constantemente en sus tareas, llegan a su puesto de trabajo y saben qué tienen que hacer para ir sacando adelante sus tareas y conseguir alcanzar los objetivos marcados.
Actúan sin miedo a equivocarse, ya que es mejor cometer un error y solucionarlo, que permanecer inactivo y perder ese tiempo tan valioso sin avanzar en sus actividades.
Se informan sobre las novedades del sector, e incluso aportan ideas que pueden ayudar a mejorar la calidad del producto o servicio que ofrece la empresa.
Tienen la capacidad de innovar y de poner en práctica métodos que consideren más eficaces a la hora de realizar su trabajo, no siguen un patrón sin más, sino que se adaptan a cada situación.
Su ritmo de trabajo se adecua a las necesidades de cada momento, gestionan su tiempo de un modo eficaz, no pierden el tiempo en tareas improductivas, lo que les ayuda a realizar su trabajo a tiempo.
Esta forma de actuar implica un compromiso del trabajador con la empresa y consigo mismo. ¿Estamos preparados para trabajar sin estar bajo las órdenes de un superior?, ¿Podemos ser independientes en nuestro trabajo?
http://gentealdia.com/detalle.asp?ID=635#.UAa5KfW8J34.twitter
Los beneficios del humor en el trabajo
Una de las cuestiones que más benefician en el espacio de trabajo es el clima laboral, y es que si hay un buen ambiente de trabajo se está mejor y se rinde mejor. El humor en el trabajo es un tema muy importante, aunque se le preste tan poca atención en la actualidad, y es que el estado de ánimo influye en el rendimiento y el humor ayuda a liberar tensiones que de otra forma no podrían irse.
Existen muchos estudios relacionados con el humor en el trabajo. Un estudio de Rothbard y Steffani Wilk llegó a descubrir que el estado de ánimo, ya sea negativo o positivo, influye en la productividad del trabajador, pero sobre todo el efecto del buen humor es todavía mucho más importante. De aquí se descubre que si bien el poder del mal ambiente en el trabajo es importante en el menor rendimiento, más importante es el humor en el trabajo para un mejor rendimiento. Además, el humor con que se llega al trabajo tiene un mayor efecto sobre el estado de ánimo de todo el resto del día. También el estado de ánimo de los clientes afecta al humor del trabajador.
Maite Lecumberri, psicóloga laboral de la Universidad Andrés Bello, afirma que el humor “influye en la calidad de vida y la satisfacción, también en el ambiente y la productividad laboral”.
Cómo potenciar el humor en el trabajo
El humor en el trabajo no consiste en estar todo el día con bromas o risas, sino que más bien se trata de un buen ambiente de trabajo donde el trabajador pueda desenvolverse cómodamente y sin presiones. Divertirse en el trabajo no entretiene ni baja la productividad, sino que es todo lo contrario, ayuda a sentirse mejor y producir mejor.
También es bueno crear jornadas de motivación, reuniones periódicas, eventos, cenas, fiestas especiales y actividades compartidas. Es importante que los trabajadores también se puedan ver alguna vez en otros ambientes, pero más importante es crear momentos especiales que favorezcan el humor y bien estar del trabajador. Hay empresas que crean días como “el viernes sin corbata”, “la fiesta del primer jueves de mes” o eventos relacionados.
Los beneficios del humor para la empresa
El humor también es bueno para la comunicación y la resolución de conflictos, y es que permite considerar los problemas con otras perspectivas e intentar buscar mejores soluciones sin desesperarse. El humor también ayuda a la creatividad, y en momentos difíciles es cuando más se necesita.
El humor tiene buenos efectos en el trabajo, ya que potencia las capacidades del trabajador, aumenta la productividad, estimula la innovación, hace más efectiva la comunicación, favorece el aprendizaje, es integrador, evita los malos sentimientos y el estrés, mejora la salud del trabajador, fortalece las relaciones con los clientes y crea un entorno más humano y agradable de trabajo. Estas son sólo algunas de las ventajas de una cuestión tan poco valorada como muy importante.
http://www.gestion.org/grrhh/clima-laboral/los-beneficios-del-humor-en-el-trabajo/
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